jueves, 24 de abril de 2014

La magia de Gabriel García Márquez por Sagrario Marchena

     Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
     Este es el comienzo de la novela emblemática  e inevitable de García Márquez: Cien años de soledad. Es un comienzo, para muchos de nosotros, tan evocador como el del Quijote a pesar de que, según su autor, no era la mejor de sus obras (Gª Márquez prefería El amor en los tiempos del cólera). Para una gran mayoría de lectores (entre los que me encuentro), Cien años de soledad fue la puerta, una enorme puerta, hacia la exuberancia, la magia desconocida que habitaba en el mundo o los mundos de Hispanoamérica; lugares en los que se habla nuestra lengua pero de realidades tan distintas a la nuestra.
    El escritor colombiano murió 17 de abril. Obtuvo, por suerte, a lo largo de su vida, el reconocimiento profesional ( Premio Nobel de Literatura, Premio Rómulo Gallegos, Premio Internacional Neustadt de Literatura), la fidelidad de millones de lectores y una vida personal intensa. Estos motivos hacen que su despedida no sea triste, sin embargo como lectora “egoísta” hubiese querido que no se muriese todavía para seguir disfrutando de su imaginación, de sus palabras a través de otra novela, otro relato…

                                                         Siempre en tus libros, Gabo.
     

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